Originalidad en la literatura: ¿qué se cuenta o cómo se cuenta?


Juzgar una novela porque repite tópicos o estructuras es, en mi opinión, injusto con la persona que ha trabajado detrás de esa obra, probablemente poniendo todo su esmero y pasión en ella. Sé que la mía es, en este sentido, una opinión muy personal, algo subjetivo muy lejos de corregirle a alguien una preposición mal utilizada. Solo pretendo hablar desde mi experiencia.
Me gustaría, antes de nada, hacer que nos replanteemos si a estas alturas de la historia de la humanidad queda algún tópico o tema que no se haya tratado en la literatura. Los seres humanos hemos construido literatura desde que el mundo es mundo, mucho antes incluso de que se inventaran los primeros sistemas de escritura, cuando los cuentos se transmitían de forma exclusivamente oral, y era en estos, en los cuentos tradicionales y en las leyendas, donde salían a flote las preocupaciones de nuestros ancestros, las cuales no eran muy diferentes de las que ahora merecen la atención de las sociedades modernas: la muerte, el amor, el viaje iniciático, el fratricidio, la traición, los miedos, la superación personal, la comprensión de algún enigma...
Tal y como corroboran las teorías de Campbell o de Propp sobre el Periplo del Héroe, esta estructura narrativa se repite siempre en todas las historias, desde Caperucita Roja hasta Matrix. 
Es evidente que entre las diferentes tramas existen variantes, ingredientes distintos, es decir, que una historia no tiene por qué contener todos los aspectos contemplados por estos autores, pero todas las historias comparten en el fondo una estructura común. 
Tanto es así que en la Antigua Grecia este hecho estaba completamente asumido. En las representaciones teatrales, por ejemplo, antes de que comenzara la función, una persona del coro explicaba en primer lugar al público el argumento completo de la tragedia o comedia que iba a tener lugar. ¿Spoiler? No. Para los griegos, lo importante de una obra no era lo que contaba sino cómo era contada. Esto explica que varios autores diferentes reescribieran y dirigieran las mismas obras basadas en su mitología y folklore. Por ejemplo: todo el mundo conocía la historia del incesto de Edipo y Yocasta, pero eso no era relevante. Lo que realmente apasionaba a los espectadores era la curiosidad por ver cómo el dramaturgo en cuestión había decidido representar dicha historia, de modo que esta podía ser contada año tras año, una y otra vez, sin perder interés.
Por este motivo, no abandono una novela que trate un tema recurrente ni critico una situación que he visto antes en otra obra. ¿Cómo no podría pasar esto? Este hecho me ha llevado a valorar otros aspectos de lo que leo, como por ejemplo los diálogos, la forma de expresarse que utiliza el escritor, el modo en que profundiza en la psicología de los personajes, en el detalle de los ambientes, en la poética del lenguaje, en la descripción de los escenarios y, en resumen, en cómo me cuenta ese autor la historia que sostengo en las manos.
A lo largo de mi vida he asistido a prometedoras conferencias en la universidad que se me han hecho infumables debido a la forma de expresarse de los ponentes. Sin embargo, también he conocido a personas que simplemente contando sus anécdotas rutinarias se ganan cada día a todo un corrillo de gente a su alrededor ansiosa por escucharles, por cómo hablan, por cómo cuentan. Pues para mí, eso es lo que merece la pena. La capacidad de contar, de expresar, de comunicar. Porque esto, bien hecho, es lo que provoca emociones en el lector y lo que hace que se enamore de una obra para siempre, y es lo que, a mi parecer, recoge el significado verdadero de la palabra originalidad.
Espero que os haya interesado el artículo. La semana que viene llegaré con consejos para el escritor. Comenzaremos por la homogeneidad en el lenguaje narrativo. ¡Hasta pronto!

Comentarios

  1. ¡Hola! Aunque aprecio el enfoque, yo personalmente he venido a este mundo a sorprenderme, no un poco, no, ¡sino a lo grande! Y busco, por tanto y sin descanso, tanto la sorpresa como el placer y la emoción que van con ella de la mano, estén donde estén, con ojos, oídos y mente bien abiertos para que la cotidianidad no merme ni nuble mi capacidad de descubrir.

    Así que nunca me acomodo en lo ya conocido y persigo nuevos autores, nuevos estilos, devorando la última obra sin pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor. Y no hago más que encontrar originalidad, originalidad a raudales en el fondo y en la forma y sé que voy a seguir encontrándola porque hay más autores que nunca, mayor riqueza cultural, mayor intercambio, menos tabúes, más y más puertas que se abren... y sí, Campbell va quedando atrás, que describió más que prescribió, como apunta Brandon Sanderson en este texto sobre el tema (https://brandonsanderson.com/books/elantris/elantris/form-and-fantastic/).

    Sí, se puede hacer mejor, no todo está inventado, aquí los límites nos los ponemos nosotros y sólo nosotros... así que, ¡¡a maravillar y maravillarnos!! ^ ^

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