Mi reseña sobre Naksatra, de Joseto Romero

Os dejo la reseña que he hecho de Naksatra, una compilación de relatos cortos del escritor (y compañero de camino) Joseto Romero. ¡No dejéis de leerlo!

Normalmente se ponen estrellas a los libros cuando se reseñan, hasta un máximo de cinco. Sin embargo, a Naksatra de Joseto Romero yo no quiero ponerle estrellas. Quiero ponerle sonrisas, y que sean veintisiete. Una por cada capítulo, porque todos y cada uno me han hecho sonreír.
He devorado Naksatra en dos noches, teniendo en cuenta el poquito tiempo del que dispongo en este momento de mi vida (madre, autónoma y mujer emprendedora entre otros menesteres, con muy pocas horas de sueño y de ocio), y su lectura, más allá de los aportes objetivos y de las observaciones intelectuales y filológicas (en los que entraré más adelante), me ha hecho sentirme feliz, muy feliz y desconectada de la estresante realidad.
Admiro a los escritores que aman la literatura (que no son todos, aunque pueda sorprendernos), y admiro aún más a los que saben transmitir emociones hermosas. Sé que Joseto Romero es uno de ellos porque he percibido perfectamente que ama lo que escribe, y eso, señoras y señores, se nota, se agradece y deja un buen sabor de boca inconfundible.
Me pondré ahora en plan filóloga para demostrar que la razón ha acompañado a la emoción. Pues bien, acerca de Naksatra quiero hace hincapié sobre varios puntos que, considero, se han articulado con un manejo intachable y han funcionado en especial armonía. El uso del lenguaje denota un cuidado y una sensibilidad singulares por parte del escritor, se intuye que se ha labrado con tiempo y que se ha pulido hasta el detalle, como una artesanía, algo que para mí tiene mucho peso: el léxico escogido, los campos semánticos, la sintaxis utilizada en juegos lingüísticos, la sonoridad como recurso estético… Los antiguos aedos griegos estaban convencidos de que, aún más importante que lo que se cuenta, es cómo se cuenta, una afirmación con la que no puedo estar más de acuerdo, y Naksatra, pienso, ilustra de maravilla este hecho porque la elección del léxico y la liviana presencia de la rima inserta en la prosa (esto me ha encantado), nada forzada y muy musical, le aportan a las historias y a la línea temática del libro en sí una gama de color muy armonizada.
El ritmo de la narración me ha recordado, en varias ocasiones, a mi querido Gianni Rodari, así como los pequeños remates surrealistas que, lejos de oponer realidad y ficción, los han conjugado con giros de costumbre y escenas cotidianas, algo que a mí, personalmente, me encanta encontrar en las historias. Lo cierto es que también me he sentido de una manera parecida a cuando leo a Michael Ende, uno de mis venerados, con esas atmósferas mágicas que no se explican, pero en las que entras de lleno. Realmente, no necesitan ser explicadas, solo disfrutarse.
Naksatra, además, posee una dimensión metaliteraria que me ha llamado mucho la atención y sin la que creo que el libro quedaría incompleto, ya que Joseto ha añadido al final un writing of o cómo se hizo en el que da referencias sobre el proceso de escritura de cada uno de sus cuentos, pero lo hace con una perspectiva tan personal y cercana (lejos de la frialdad técnica con que muchos escritores se refieren a esta etapa de su proceso creativo) que terminas leyéndotelo absolutamente todo porque sientes que él, el autor, te espera de una manera mágica con un café en la mano cada vez que pasas una página más del libro. Y creedme, que después de haber pasado con el veintisiete cuentos, te apetece disfrutar de su compañía unas paginitas más.
Cuentos hermosos, reflexiones profundas que parten siempre de la sencillez, la belleza invisible de lo cotidiano fundida con hechos mágicos que ocurren porque deben ocurrir… Sé que Naksatra será un libro que releeré a trocitos muchas veces porque siento que es para soñadores y soñadoras como yo. Una caricia en forma de narrativa para lectores sensibles. Su lectura me ha despertado muchas emociones, pero la que quiero destacar es felicidad.

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